Muchas personas de alta exigencia llegan a un techo sin entender por qué. Después de meses o años sosteniendo un ritmo altísimo, el cuerpo o la mente empiezan a pedir una pausa que no estaba prevista.
Acá algunas señales para identificarlo a tiempo: cansancio que no se va con el descanso, dificultad para concentrarte incluso en lo que te gusta, o una sensación de estar «en piloto automático». Ninguna de estas señales es un fracaso — son información.
