El estrés no siempre se siente como estrés. A veces aparece primero en el cuerpo — tensión en el cuello, problemas para dormir, cambios en el apetito — antes de que la mente lo reconozca como tal.
Aprender a leer esas señales tempranas es parte del trabajo: no esperar a que el cuerpo grite para empezar a escucharlo.
